Thursday, February 09, 2006

Mama...

I

El hombre no paraba de mirar a todos lados, estaba evidentemente nervioso a tal punto que cualquier intento de disimular lo haría verse ridículo y sería en vano.
Sentado en la banca de ese parque mirando los árboles que se mecían a la luz brillante del sol, esperaba paciente pese al excesivo calor de ese día. El hombre transpiraba en relación proporcional a la potente luz solar, cosa que en conjunto con su ininteligible histeria subterránea provocaba cierta lástima.

Se notaba a simple vista que era un hombre sencillo con un par de hijos, una esposa gorda, exigente y descuidada, quizás la más lenguaraz del barrio. Se deducía en su mirada de tipo rendido que frecuentaba prostíbulos para, de alguna manera, suplir la carencia de amor y respeto que no lo dejaba sentirse hombre. En algún lugar de su fisonomía se recordaba a un hombre romántico, soñador. Bastaba quitarle con la imaginación los rastros que la vida había dejado en su rostro para deducir que también fue atractivo a su manera.
Su mujer una arpía lo había engatusado con patrañas, que en ese tiempo funcionaban, para atarlo a ella.
A pesar de la temprana edad de su casamiento solo tubo dos hijos con su mujer, al contrario de toda predicción. La unión forzada había roído lentamente su ímpetu y su pasión por la vida, la vivaz inteligencia que poseía había desaparecido en la voluntad de su obsesiva compañera, antaño una mujer ambiciosa en el alma, pero tímida en el acto.

El hombre sonríe inesperadamente, vuelve una vigorosidad que antes hubiera sido imposible sospechar en el, sonríe de nuevo y se levanta mirando el vacío. Una mujer voluptuosa –intuyo que no muy bella- se aproxima desde los árboles. Lleva puesto unos tacones altos, una mini-falda aprisionada al cuerpo y unas medias que serían seductoras si estuvieran en piernas más apetecibles. Rubia, pero de las falsas. No alcanzo a ver su rostro porque la imagen de “el encuentro” esta espaldas a mi. Hay que decirlo; su trasero posee un atractivo misterioso… quizás la forma en que lo mueve. Cuando se sientan veo que de su rostro emana un confuso cinismo camuflado bajo excesivos y leves maquillajes, me es imposible definir la magnitud de su belleza o fealdad.
En la banca del parque se besan y manosean apasionadamente, siempre como escondidos, pero apasionadamente al fin. El Sujeto le susurra algo al oído, la mujer lo mira con una indecisión mentirosa, al parecer asiente con la cabeza. Se levantan y se marchan caminando de la mano, luego abrazados… desaparecen después, detrás de una puerta.

La conoció en el mundo de los bares, las calles y casonas aledañas a los prostíbulos. La rubia falsa, más astuta de lo que se podría presumir reconoció al instante en él el romanticismo que lo haría una presa fácil de sus artilugios seductores.
Los dolores y la vida fácil la convirtieron en una mujer que vive como en la selva: asustada, afligida, siempre esperando el momento oportuno para cazar. Era la mujer que había dejado el corazón en otro en algún lugar lejos de su cuerpo, eso si aun conservaba la ternura en las caricias. Era en términos simple una profesional del amor. No era prostituta, había conocido de cerca el oficio algo relacionado con su familia. Su vida no fue miserable, sin embrago fue rodeada de mujerzuelas de las que aprendió con singular habilidad la forma en que habían de caer los hombres a sus pies.

Nunca sintieron los flashes que habrían de acusarlos frente a la otra mujer, ni escucharon los relatos que de ellos hacía cierto hombre.

-19:33 PM. No alcanzo ya a ver nada de “el encuentro”. Finaliza aquí la investigación, tengo en mis manos las pruebas necesarias, 30 de septiembre de 2005, Richard Valderrama investigador de infidelidades-

Valderrama deja su grabadora, guarda la cámara, descansa un momento y se marcha a cumplir con su cliente.
Las pruebas irrefutables que presenta Valderrama confirman las sospechas de la mujer. Entonces, una sombría decisión se adivinaba en su rostro, cayeron lágrimas secas, y el rostro parecía como muerto. Dijo a Valderrama que viniera mañana que no tenía el dinero para pagarle aún. Lo dejo en la puerta y con un inesperado gracias la cerró en su cara.
Cuando Valderrama volvió al día siguiente la puerta estaba entreabierta pero un peso inerte no permitía abrirla. Entro de lado por un pequeño espacio que pudo abrir a empujones y al levantar la vista vio el más siniestro de los paisajes: el hombre que había espiado ayer yacía con el cráneo abierto de espaldas al suelo al lado de la puerta, un mazo acompañaba la escena. En la esquina derecha de la habitación cuadrada, dos cuerpos, uno más pequeño que el otro, abrazados y con sangre en los infantiles cuellos. Y frente a la puerta sentada y apoyada a la pared, la mujer, con los ojos abiertos, lo miraba fijo con los tendones de las muñecas cortados respirando el último aire de su agónico y horrible final.

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Detective... siempre he querido escribir algo de detectives. Sueño con eso.

Añgun dia lo hare

Y tu, porfavor, sigue escribiendo, que me interesa la vida del amigo "Valderrama" con su lánguida mirada...

7:09 PM  
Blogger amor que soy said...

una profesión de muete, de la misma muerte que impulsa la falsa moral que la alimenta

2:15 PM  

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